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Terra
La Coctelera

¿Porqué no me llevaste con vos?

Hola a todos!  Retomando este espacio, desde luego tratandose de cine –mi principal filia- hablemos de una película que más que relato policíaco o thriller de época, es una emocionante historia de amor.  El Secreto de sus Ojos, que está basada en una novela de Eduardo Sacheri y en febrero ganó el premio Óscar a la mejor película extranjera, nos estremece con el nivel de interpretación de todos sus protagonistas, una estupenda fotografía y una acertada –casi imperceptible- banda sonora.  Es la fascinación de los amores imposibles...de esos que duran toda la vida, que no imaginamos siquiera que puedan hacerse realidad, que duelen al recordarlos, que te hacen sonreir a solas... han vivido alguna vez un amor así?

Sinópsis: El señor Benjamín Espósito, un viejo funcionario judicial de Buenos Aires, quiere aprovechar sus días de retiro para saldar una cuenta pendiente: la de escribir esa novela policíaca que siempre quiso escribir. Pretende contar, por fin, un relato de su propio pasado que no lo ha dejado vivir en paz: el misterioso asesinato de una muchacha, en los días previos a la dictadura argentina, que jamás pudo ser resuelto del todo. Para atar los cabos de aquella investigación, Espósito necesita la colaboración de la mujer que fue su jefe. Se llama Irene Menéndez. Todos los días de su vida estuvo enamorado de ella. Pero, acorralado por sus inseguridades y sus complejos, no tuvo nunca el coraje para pasar a la acción.

SÍGANME LOS BUENOS!!!!

A propósito de un texto que leí hace poco sobre las claves de la felicidad, quisiera compartir este maravilloso artículo escrito por el "Maestro" Roberto Gómez Bolaños...cabe perfectamente dentro de la importancia de permitirnos ser humanos y dejar que las emociones malas fluyan para dar paso a las mejores!...siempre trato de ser muy optimista y positiva, pero muchas cosas me deprimen, pequeñeces -tonterias- dirían algunos, por eso me identifiqué tanto con lo que escribe mi heroe de infancia...aquí va y síganme los buenos!!!!

 

LO QUE ME DEPRIME...

Por: ROBERTO GÓMEZ BOLAÑOS, CHESPIRITO

¿Saben? Ya tengo 77 años. He visto casi de todo, he acumulado un sin fin de experiencias, he viajado, he conocido a grandes personajes y también a gente sencilla. He tenido el honor de ser querido por un público de varias generaciones, sin diferencia de clases sociales, en distintos países, y aunque me han pasado cosas realmente extraordinarias, confieso que soy un ser humano de lo más normal. Siento lo mismo que cualquier otro, tengo necesidades similares y supongo que muchos se podrán identificar con las cosas que me hacen feliz... o que me deprimen.

Es curioso para mí hablar de estas cuestiones, pues siempre me preguntan acerca de asuntos alegres y de anécdotas graciosas. Tal vez piensan que la vida de un comediante es una carcajada constante. Obviamente, no es así, aunque hasta la situación más dramática puede tener sus tintes humorísticos y ese es el material del que nos valemos a veces los escritores de comedia. La risa y el llanto comparten una esencia similar: son características humanas. La risa apela a la inteligencia, mientras que el llanto está más ligado a la sensibilidad, pero si nacen del alma, ambos pueden ser liberadores.

En ese sentido, la depresión es un proceso natural que es necesario, como un ciclo vital en el que algo nace lleno de empuje y vitalidad, crece y al alcanzar el clímax, decrece poco a poco para dar paso a lo nuevo. En ocasiones, cuando estamos inmersos en un proyecto muy grande, nos comprometemos de tal manera, que cuando termina nuestro cuerpo y nuestro espíritu requieren esta pequeña "depresión" para adaptarse. Lo mismo ocurre cuando experimentamos un cambio, sea cual sea, pues eso nos genera un duelo que debemos afrontar. Claro, me refiero a una sana depresión que es pasajera, no aquella en la que existe algo patológico de por medio que impide a la persona levantarse de ese estado sin ayuda médica. Hay depresiones sencillas, más bien cotidianas y de esas puedo hablar con mayor soltura, pues no me son ajenas.

No soy, por ejemplo, afecto a las fiestas de cumpleaños, me parecen aburridas y cuando debo asistir, prácticamente son para mí un sacrificio. Sin embargo, si veo las noticias y en ellas aparecen las imágenes descarnadas de las guerras, me lleno de tristeza, de impotencia y comento con Florinda, mi esposa, que "de plano, sí prefiero las fiestas de cumpleaños".

Eso sí, yo procuro estar la mayor parte del tiempo en un tono positivo. No obstante, he de ser sincero y decir que, como el común de las personas, me deprimen los días nublados o lluviosos. No sé si es una especie de nostalgia aprendida o, simplemente, la cuestión fisiológica que relaciona la luz del sol y su calor con la vida. A veces siento que mi ánimo empeora cuando salgo de casa y veo el estado en el que se encuentra mi amada Ciudad de México. Un lugar que mi infancia, mi adolescencia, mi juventud e incluso mis años ya maduros conocieron como una de las más bellas del mundo, y que hoy parece estar tomada por asalto, llena de basura, de violencia y de un desorden promovido desde autoridades indolentes (en el mejor de los casos) o descaradamente cómplices del caos.

Pero lo que más me duele es la falta de solidaridad en el mundo, en particular, de los mexicanos. A lo largo de la historia nos hemos estado peleando unos contra otros y por eso hemos perdido varias contiendas, desde la conquista hasta nuestros días, incluyendo la más trascendente: "La batalla por el futuro". No nos hemos sabido hermanar en lo importante y nos hemos enemistado eternamente en lo trivial y pasajero.

Me agobia la falta de amor, porque si tuviéramos más empatía y tolerancia con los demás, nuestro entorno global sería distinto. Es desolador, por ejemplo, ver cómo el amor se está volviendo un artículo de lujo, difícil de conseguir, cuando es algo tan sencillo y natural que debería estar en la mirada de todos, en el corazón de cada persona y aun en la palma de la mano para estrechar hasta la del enemigo.

Me desmoraliza también tener una mente clara y vigente, en un físico que ya no me responde como antes. Aunque eso se convierte en agradecimiento, porque mi cuerpo me ha servido bien y está en muy buenas condiciones, a pesar del mal trato que en algún momento le he dado, como cuando fumaba. Nadie debería fumar, es una tontería; si supieran los daños que causa, como los he conocido yo, no lo harían.

Sí, todo eso que he dicho me deprime, pero nada más por un rato, porque soy un hombre de fe y creo en el género humano. He sido testigo de innumerables milagros, entre ellos, el inexplicable prodigio del cariño que la gente tiene por mis personajes, y de lo que mi trabajo ha podido significar en sus vidas. Creo en esta humanidad, de otro modo no hubiera podido darle vida al Chavo, un niño que en la peor de las miserias, tenía sus células llenas de amor, de esperanza... ERA FELIZ. Y tampoco hubiera podido crear al Chapulín, que ante la fatalidad y la evidente superioridad de los adversarios no se amilanaba, vencía su miedo y acometía cualquier empresa; estoy seguro de que aún ahora, cuando lanza su clásico grito de "¡Síganme los buenos!", los buenos todavía son muchos más que los malos, y eso me llena de ánimo.

Esta manera de pensar es lo que me mantiene vivo, activo, creativo. La nobleza y valentía del Chapulín, esa ternura de mi Chavo, la capacidad de regeneración y la postura pacifista del Chómpiras, ese desparpajo del doctor Chapatín y ¿por qué no?... hasta la locura de Chaparrón Bonaparte son valores que habitan en mí, me impulsan y me hacen salir a flote de cualquier mal momento, por oscuro que me pueda parecer.

Ahora que, para no defraudar a los que esperan cosas muy deprimentes y leen este texto hundidos en el decaimiento y la postración, debo decir que, sin lugar a dudas, lo que más me deprime es... ¡que me pregunten qué es lo que me deprime! ?

ENTRE COPAS

Hola de nuevo!
Después de mucho tiempo de no escribir, hoy vengo con mis temas favoritos...el cine y el vino! y aprovechando que estoy estrenando Cine Club quiero recordar una película que reúne estos dos temas con un melancólico tono y unas buenas actuaciones -con la advertencia de que su serpenteante guión requerirán una dosis extra de paciencia-. Fue rodada en el valle de Santa Inés, ubicado a 2 horas y media de la ciudad de Los Ángeles en California. En el 2004 obtuvo un Oscar a mejor guión adaptado y 5 Nominaciones, incluyendo mejor película. Ganadora de 2 Globos de Oro: Mejor película comedia o musical, mejor guión...sin más preámbulos les presento:SIDEWAYS...espero que la disfruten el próximo 30 de mayo (ustedes ya saben donde!).



SINOPSIS

Dos viejos amigos se embarcan en un viaje por carretera probando vinos... sólo para cambiar de rumbo vertiginosamente y entrar en una irónica exploración de las vicisitudes del amor y la amistad, de la repudiable persistencia de la soledad y de la imperecedera guerra entre el Pinot y el Cabernet. Los contratiempos empiezan cuando Miles, un divorciado traumatizado con su experiencia sentimental, al que le gustaría ser novelista y que presenta una fijación por el vino, decide agasajar a Jack, su colega de la universidad y actor fracasado, con un viaje festivo a los viñedos del bucólico valle de Santa Ynez... la semana antes de que Jack contraiga matrimonio.

Los dos no podrían formar una pareja mas extraña: Jack es un seductor demasiado sexual; Miles es un desgraciado aprensivo. Jack esta buscando degustar su ultimo bocado de libertad; Miles solo pretende paladear la perfección en una botella. Jack se conforma con un Merlot barato; Miles se muere por el elusivo y perfecto Pinot. De hecho, la única cosa que parecen tener en común es la misma excitante mezcla de ambiciones fallidas y juventud marchita. En cualquier caso, cuando emprenden ruta por la costa, Miles y Jack pronto se van a ver ahogados en el vino y en las mujeres. Ambos se tambalean de una forma peligrosa y cómica hacia la crisis de la mediana edad. Ahora, la boda se aproxima, y con ella la certeza de haber sufrido cambios... si es que al final terminan por regresar.

Y las tareas...

Pueden escoger entre:

1. Llevar alguna información sobre las cepas más representativas de la zona vitivinícola de California.

2. Llevar alguna información sobre el director de esta película.

3. llevar una botella de vino (habrá una por cuenta de la casa).

Hasta la próxima!



Filias y Fobias

Inicio este espacio con el artículo que inspiró su nombre, de un autor que me motiva y que seguramente citaré en otras oportunidades.
Los invito a que comenten y se dejen llevar por sus filias y fobias para conocerlos un poco mejor...bienvenidos!!

Me gustan: el correo electrónico, las mujeres que están a punto de dejar a sus maridos, las cantatas de Bach, el plátano asado...
Por: Héctor Abad Faciolince

En De Senectute, el extraordinario libro sobre la vejez de Norberto Bobbio, el pensador italiano hace una división, que él considera esencial,
entre los seres humanos: según Bobbio hay un abismo (de carácter, de actitud ante el mundo y ante la vida) entre aquellos que consideran
que hay algún tipo de supervivencia después de la muerte y aquellos que piensan que los seres humanos nos morimos definitivamente.
Bobbio, como Borges, como Konrad Lorenz y Bertrand Russell, son de los que no creen en ningún más allá después de la vida. Filósofos creyentes como Pascal, Kant o Heidegger, sí confían en algún tipo de supervivencia, si no del cuerpo, al menos de esa cosa intangible que algunos llaman el alma, o el ser.

Esta actitud metafísica es quizá la que mejor distingue a unos seres humanos de otros y la que más radicalmente nos divide. Por si les interesa, yo soy del partido de los que no creen en la inmortalidad, y más aún, la considero de una insufrible vanidad personal.

Pero hay otros detalles, en apariencia insignificantes, de los que también dependen nuestras inclinaciones, y los que nos llevan a decidir con quién nos gustaría almorzar, pasear, pasar unas vacaciones o al menos una noche. Hay una buena revista cultural
peruana (Etiqueta Negra, se llama, y la dirige un chino tropical, Julio Villanueva Chang), en la que siempre les piden a sus colaboradores que hagan una lista de sus gustos y de sus disgustos, o mejor, según el léxico de la publicación, un resumen de sus filias y de sus fobias, de aquello que aman y aquello que detestan. Más que la breve biografía de los autores, siempre tan mentirosa, creo que esta tarjeta de presentación nos puede orientar para decidir si queremos o no leer lo que han escrito. Después, a lo mejor, resulta que estábamos equivocados, pero creo que es una buena orientación inicial.

Yo, por ejemplo, encuentro difícil de leer a alguien que pone entre sus filias a los hipopótamos pigmeos, a las cabezas reducidas y a la Business Class de los aviones. En este último punto prefiero la respuesta del abuelo de García Márquez a quien le preguntaron por qué viajaba en segunda clase: "Porque no hay tercera". Pocas veces
me he sentido, en cambio, tan de acuerdo con las fobias y filias, como con la siguiente lista de Juan Villoro, un gran escritor mexicano.

Filias: "Las películas en las que hay una escena larguísima en un tribunal, los defectos de mis amigos, las iglesias sin misa, los viajes en tren, la tinta azul, los que saben pero no hablan como si supieran, las mentiras que me creo". Fobias: "Los trámites de identidad, el teatro interactivo que obliga a subir a un escenario a hacer el ridículo, la
calvicie, los remedios contra la calvicie, las flautas andinas con amplificador, la comida o la decoración con karma o energía, la ultrajante sinceridad absoluta".

A veces encuentro, claro, acuerdos y desacuerdos. No puedo estar más de acuerdo con Carlos Monsiváis como cuando dice que no soporta "a los obispos que indican las conductas en la cama, a los fundamentalistas árabes y a Ariel Sharon cuando dice que los israelíes son las únicas víctimas", pero discrepo cuando afirma que le encantan "la lucha libre y Lezama Lima". Tampoco estoy de acuerdo con Savater cuando dice que ama lo salado y odia lo dulce, aunque conozco aquellos versos de Lope en los que nos recuerda que hay gente pa'todo: "Hombres hay que un día oscuro / para salir apetecen / y el sol hermoso aborrecen / cuando sale claro y puro. / Hombres que no pueden ver / cosa dulce y comerán / una cebolla sin pan".

Aunque nadie me lo haya preguntado, yo también quiero improvisar una pequeña lista de mis filias y mis fobias. Me gusta: el correo electrónico, las mujeres que están a punto de abandonar a sus maridos, las cantatas de Bach, las últimas cartas de los suicidas, el clima del trópico a dos mil metros de altitud, el plátano asado, la poesía de san Juan de la Cruz, las películas de vaqueros en las que los buenos no son tan buenos ni los malos tan malos, los perros que no muerden, los senos sin silicona y los senos con silicona (mejor dicho: las tetas en general). Detesto: las personas que tienen gustos muy definidos, las cartas astrales, las corridas de toros, las velas que huelen, los que creen que no hay mayor virtud que la castidad, los libros de autoayuda, los e-mails colectivos, las esencias florales (sobre todo engullidas públicamente por ministros), los que se creen muy honestos y dicen que lo son, los domingos por la tarde, los políticos que defienden la religión, la familia y la propiedad, los machos que cuentan sus proezas sexuales, los vitrales, los zapatos de charol, la avaricia y los avaros, aquellos que te cuentan con lujo de detalles las maldades que otros dijeron sobre ti, los que les lanzan piedras de condena a las mujeres adúlteras.

Hasta aquí llego yo. Ahora les toca a ustedes. Qué importa que sea solamente un trivial juego de sociedad. Al fin y al cabo en eso se nos va la vida: en decirles lo que nos gusta y los que no nos gusta a los demás.